Algunos periodistas han dicho que la pasada fue una pésima semana para el PP en la Comunitat Valenciana. Y debe ser verdad, pero yo creo que lo fue aún más para los demás. Todo el mundo ha dado mucha importancia a un hecho importante: la bárbara descalificación que el muy católico Cotino quiso hacer de Mónica Oltra, aludiendo a su biografía familiar. Esto en realidad le descalifica a él más que a nadie. Por supuesto, nadie ha pensado que hubiera nada reprochable en el pasado de la diputada de Compromís, sino algo muy maligno en la mente del conseller. Hemos ido intuyendo luego de qué retorcido modo pudo elaborar la mente de Cotino el discurso, mitad policial mitad inquisitorial, con que nos avergonzó a todos. Su pasada familiaridad con los archivos policiales se había puesto al servicio de un presente muy concreto, un presente repleto de responsabilidades políticas y presupuestarias muy provechosas para la familia. Al menos para la suya.
Este hombre, devoto de tantas cosas, creyente de sólidas verdades y convencido de su derecho divino a gobernar, resulta un prototipo de político conservador de toda la vida. Si su mente es limpia o turbia, es cosa que sólo por sus actos -y sus palabras- podemos juzgar.
Pero el mismo día que ocurría la anécdota de Cotino, que tan bien retrata al hombre de poder en estos lares, sucedía también otra cosa que trasciende la anécdota para convertirse en categoría: el presidente accidental de les Corts, en ausencia de la titular, se permitió expulsar del pleno al portavoz de la oposición. Es como si Bono expulsara a Sáez de Santamaría para que no interpelara a Zapatero. Esto sí que retrata el régimen de dominación que la derecha valenciana ha logrado imponer, con el asentimiento de una parte de la sociedad, el encogimiento de hombros de gran parte de la prensa y el asombro impotente de la oposición. Cuando ésta última hace amago de cumplir su deber de control al Govern, éste se permite expulsarla del pleno, sin más complejos. Esto no es anecdótico, sino estructural. Lo de Cotino con Mónica Oltra puede ser el tic inquisitorial de un ex policía. Lo de Maluenda con Ángel Luna, es la definición de un poder capaz de cancelar las reglas de juego en cuanto alguien se las toma en serio. Sorprende que lo primero, con ser grave y llamativo, haya logrado ocultar lo segundo.
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