El Cabanyal ha vivido en pocos días una gran victoria y una enorme indignidad. Victoria en la lucha contra la destrucción de todo un barrio, promovida por una inculta Alcaldesa y una derecha entregadas a la promoción de intereses especulativos, a costa del vecindario. Y una enorme indignidad puesta en marcha por el Gobierno del “presunto” Camps, al retorcer la ley para impedir la protección del Cabanyal, que han exigido los vecinos, la izquierda, los arquitectos y el propio Gobierno de España.
![20090627(pleno)[1]](http://pepereig.files.wordpress.com/2010/01/20090627pleno1.jpg?w=300&h=220)
Los choques de realidad tienen a veces efectos inesperados. A ciertas mentalidades conservadoras, en lugar de bajarles los humos, les llevan a una enloquecida espiral de provocaciones. La reacción del Ayuntamiento y la Generalitat a la paralización de la destrucción del Cabanyal tiene algo de esto. Pero no nos engañemos porque, en el clima político de esta Comunitat, esa histeria desatada contra el gobierno socialista suele tener éxito.
Si la actuación de la izquierda y la respuesta ciudadana a la provocación no son del mismo orden de magnitud, la derecha logrará instalar la ficción de que ellos son los que defienden Valencia también en esto. Resulta trágicamente irónico que los destructores se quieran presentar como defensores de lo nuestro. Y resulta penoso que algunos comunicadores públicos que se las dan de críticos e independientes, se dejen marear con semejante falacia y anden buscando aún tres pies a la convergencia de los movimientos de defensa de la ciudad y la oposición socialista en el Ayuntamiento.
La dignidad ciudadana exige una respuesta masiva a la provocación. Una respuesta que abandere la rehabilitación sin destrucción. La plataforma Salvem el Cabanyal ha convocado a los vecinos a una asamblea, el próximo día 13 a las 19:30 en el Ateneo Marítimo, para decidir las vías de resistencia a la locura destructiva de la alcaldesa y el president. Hará falta mucha decisión y compromiso vecinal para darle a esta derecha un baño de realidad. ¡Que el cielo nos libre de la histeria municipal!
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